
En el Museo Smithsonian de Historia Natural, una lección sobre la evolución de la tierra o Periodo Cámbrico resuena con ironía en la capital estadounidense, fuera de ese museo, pocas reliquias de la época se pueden encontrar. En un recorrido por el Centro de Washington, la narrativa de una democracia tambaleante se despliega entre luces de oficinas vacías y protestas cuyos ecos rebotan contra edificios imperturbables durante su primer Mensaje a la Unión.
A medida que la noche cae sobre DC, los edificios gubernamentales, en venta bajo la nueva administración, actualmente cancelada, se iluminan como espectros de una burocracia en decadencia. Frente a la sede de Voice of America, un televisor transmite Fox News a una acera vacía, mientras el rostro mudo de Laura Ingraham narraba la desaparición del narrador.
Este era el escenario previo a un discurso del Presidente Donald Trump mismo que refuerza ese sentimiento de exclusión. Desde aquella distancia, el resplandeciente Capitolio color blanco parecía una gran mansión. Pero uno not tiene la clave de la puerta. Simplemente, no estás en la lista. No te invitaron. Los manifestantes en la Constitution Ave expresan su frustración, entrelazando gritos de apoyo a Ucrania con consignas contra Elon Musk y el Presidente, mientras que la brecha entre ciudadanos y poder se agranda como la de alguien atrapado en el fondo de un pozo con los transeúntes que se desplazan en la parte de arriba.
En la Plaza Black Lives Matter, el activismo se enfrenta a la erosiva influencia del poder. Aquella frase pintada en 2020, en letras amarillas enormes a lo largo de dos cuadras; testimonio de un momento de resistencia, ahora está destinada a desaparecer por orden de una amenaza republicana de retirar los fondos para la ciudad. En el podio, se escuchan discursos sobre el fortalecimiento de la democracia, la resistencia a la dictadura y la continuación de la lucha por la diversidad, la equidad y la inclusión que a simple vista parecen chocar contra la indiferencia de las instituciones y los símbolos de la capital, siempre inamovibles, imperturbables.
Mientras el presidente de la Asociación Estadounidense de Personas con Discapacidades hacía uso de la palabra, una idea flotaba en el aire. Vaya, aquí todo el mundo está a punto de acabar jodido! El espíritu mezquino de venganza parecía tomar el control, aunque ese espíritu nihilista de venganza debería retronar a su caja, tarde o temprano. Pero aun no es el tiempo.
Dentro del Congreso, la escena se asemeja a un teatro grotesco. Los pequeños y vociferantes aduladores del chico malo de la escuela se habían reunido todos a un lado de la cámara del Congreso. El discurso de Trump, plagado de exageraciones y falsedades, es recibido con fervor por un Partido Republicano que ha adquirido un aire Stalinista. Mientras, la flácida oposición demócrata, presenta a sus ancianos líderes agarrando sus bastones mientras se encorvan en sus bancos, delegando una respuesta a una mujer nueva en el Senado pero con el mismo estilo tibio de siempre, incapaces de ofrecer una oposición frontal y efectiva más allá de esperar que sea el un partido el que mata y el otro con sus líderes solo esperando morir.
La esencia del poder en Estados Unidos se encapsula en una imagen del Museo Nacional del Indio Americano. ¿Sabían ustedes que en el Museo Nacional del Indio Americano se exhibe un misil Tomahawk? Es cierto. Parce más bien un recordatorio de cómo la maquinaria de poder y violencia sigue funcionando con una eficiencia cínica, reusando culturas extinguidas para nombrar los mismos instrumentos de destrucción que perpetúan la historia de la expansión ahora latente con el gobierno de los republicanos.
Las protestas continuarán, lo mismo que hoy si mañana no, de las órdenes presidenciales, pero a pesar de las órdenes de corte para detener las violaciones a la Constitución y la errónea idea de que Trump es Ley Federal, la marea aún no ha subido lo suficiente. “El poder del pueblo es más fuerte que la gente que está en el poder,” se leía en un cartel entre las marchas. Pero ese poder necesita más que palabras. Necesita efervescencia. El país requiere que la gente que sale a las calles sea más numerosa que la gente que mira el programa de televisión llamado “El colorido Viaje de los Estados Unidos al Infierno.” Como termina diciendo, Hamilton Nolan, solo entonces, el espectáculo por fín habrá terminado!
Este es un resúmen del artículo original escrito por Hamilton Nolan en su sitio How Things Work.