La mejor Acción de Gracias para el 48% de indocumentados en EE.UU.

Marcha de Inmigración en Washington, DC. Foto de SEIU International en Flickr.

Marcha de Inmigración en Washington, DC. Foto de SEIU International en Flickr.

En Thanksgiving los norteamericanos celebran la llegada de los primeros inmigrantes a estas tierras. Muchos de ellos escapando las injusticias del país en el cual vivían. Eso parece ser la historia de millones de indocumentados en los EE.UU. hoy en día.

Es el Dia de Acción de Gracias en el que por tradición – a veces olvidando el real significado, las familias se reúnen para degustar el plato principal: pavo hornado. Y ese tufito quedará en los deseos y en los estómagos todo el fin de semana.

En cuanto a la suerte de la gente sin documentos migratorios válidos. Esa es otra historia.

Las agrupaciones que defienden a los inmigrantes han visto con beneplácito la acción ejecutiva anunciada por el presidente Obama la semana que termina. Igual la comunidad hispana. Pero para los que no están contentos y se lamentan de haber procreado, la decisión de ayudar a los inmigrantes no es permanente y solo se enfoca en las familias con antiguos vínculos familiares en el país.

Casi la mitad de indocumentados están entre los beneficiados con un 48% de acuerdo al PEW Center.

No se engañe, ni se deje engañar, cuando escucha que los hispanos son gente pobre, no tienen instrucción, y vienen con muy pocas destrezas que no sean las de recoger fruta y vender carne faenada. Esa es una mala interpretación de lo que significa ser hispano y muy reducida. Cierto que todos quisiéramos una amnistía pero este es un país de leyes y también hay que cambiar la apatía que muchos sentimos a aprender el idioma.

Debemos cerrarle la boca a la Rep. Michele Bachmann (R-Minn.) quien considera a nuestra comunidad un ‘costo social‘ porque beneficia a millones de mal preparados, iletrados, extranjeros viviendo en el país que no pueden hablar inglés. Una vaga generalización porque millones de hispanos hablan el idioma y sus hijos van a las escuelas norteamericanas.

Ha escuchado miles de veces calificarnos de ilegales –a los que aún no tenemos la tarjeta verde o un permiso de trabajo. Existe igualmente mucha hipocresía en tal declaración:

Antes de la Ley de Página de 1875 y la Ley de Exclusión China de 1882, no existía leyes nacionales de inmigración. Ninguna. Habían leyes relacionadas con la naturalización y ciudadanía, cómo debían informar los buques de sus pasajeros, hasta la prohibición de la trata de esclavos. Una vez que la estación de Inmigración Castle Garden de Nueva York abrió sus puertas en 1855, los recién llegados declaraban nombres y orígenes antes de entrar a los EE.UU. Sin embargo, para todos los inmigrantes antes de 1875, no hubieron leyes ha aplicarse a su llegada. No eran legales o ilegales; sólo eran inmigrantes.

Como se puede apreciar los EE.UU. ha sido construido por inmigrantes, organizada por inmigrantes y tiene su Constitución escrita por inmigrantes. Pero eso no significa que este país necesariamente tenga una tradición de siempre darles la bienvenida.

Los cambios en inmigración le significa beneficios a la economía. Expertos independientes de la Oficina de Presupuesto del Congreso han dicho que una reforma migratoria beneficiaría la economía aumentando el tamaño de la fuerza laboral y el empleo, el aumento de los salarios promedio en el 2025 y el aumento de la productividad. El mismo Consejo de Asesores Económicos de Obama estima que sus acciones podrían aumentar el PIB de 0,4 al 0,9% para el 2024. Y muchos economistas están de acuerdo en que los cambios de inmigración proporcionarán un impulso para la economía de Estados Unidos.

Varios norteamericanos argumentan en contra de la inmigración diciendo que en un mercado alto de desempleo los inmigrantes le restan trabajos a los propios residentes en el país de forma injusta. No es así.

La acción ejecutiva del 20 de noviembre también beneficia a los trabajadores estadounidenses, ya que compiten con los inmigrantes indocumentados en el mismo mercado laboral. Un empleador que puede contratar a un trabajador indocumentado por $ 6 la hora ni piensa siquiera en un trabajador estadounidense con pago de salario mínimo ($ 7.25). Con un permiso de trabajo, un trabajador indocumentado puede exigir el salario mínimo y más si está calificado, ejerciendo así presión para el incremento de salarios de todos los trabajadores. De pronto, el trabajador estadounidense recibiendo $ 7.25 está en el mismo campo de juego que el indocumentado.

Información de primera mano confirma que muchos hispanos vienen con mano de calificación profesional. Son ingenieros que trabajan como mecánicos. Técnicos en computación haciendo de programadores, hasta maestros trabajando en limpieza. Y sus salarios aunque por arriba del mínimo vital, no llegan al que les corresponde en el mismo nivel para otros profesionales o empleos. Simplemente porque no han podido equiparar estudios o certificarse. Eso sencillamente.

He leído en la redes sociales que si de hacer hijos se trataba, ‘era que avisen’. No es así de simple. Y mejor piénselo bien si pretende tener un hijo en este país. Cualesquier niño que haya nacido después del 20 noviembre de 2014, no califica para la decisión del presidente Obama. Y los recién llegados tampoco. Son sujetos de prioridad todos aquellos que hayan entrado después del 1 de enero del 2014.

Años de residencia de la población indocumentada (UAI) - Fuente: US News.

Años de residencia de la población indocumentada (UAI) – Fuente: US News.

A pesar del alto porcentaje de latinoamericanos en tierras del Tío Sam, son los mexicanos los mayormente favorecidos. El Pew Center así lo certifica: aquellos nacidos en México sentirán el mayor impacto de la nueva decisión. Le siguen los centroamericanos. El 55% de los mexicanos indocumentado junto al 51% de los centroamericanos son elegibles para el alivio de la deportación bajo los programas nuevos o existentes.

Si nos referimos a la cuestionada legalidad en la decisión del presidente Obama e incluso luego de leer la carta abierta de cientos de profesores de leyes con especialidad en inmigración, algunos concuerdan en que ahora existen dos grupos de indocumentados: “los que él [Obama] decidió amparar temporalmente, y los que dejó a merced del Servicio de Inmigración. Ha aliviado el sufrimiento de un grupo de inmigrantes, pero no ha hecho nada por la mayoría.”

Los EE.UU. opera bajo dos sistemas de inmigración diferentes. Uno de ellos, el escrito en papel, bastante duro, con cuotas numéricas firmes, una seguridad fronteriza efectiva y castigos severos para los extranjeros indocumentados que violen las leyes. El otro, el que existe en la práctica, una práctica de Do not Ask, Do not Tell. Una vez pasada la frontera, se deja tranquilos a los indocumentados. Obligados a subsistir en una economía sumergida, con muy pocos derechos y limitado acceso a los servicios públicos, ellos pueden trabajar, ahorrar, y en muchos casos, comprar sus casas y tener una familia. Con tal de que no se metan en problemas serios con la ley, nadie les molesta.

El problema está en que esta dualidad gusta a los norteamericanos. A ellos ni siquiera les preocupa la idea de una frontera desprotegida, o que el país esté abrumado por latinoamericanos pobres. A los estadounidenses les agradan los servicios laborales baratos que los inmigrantes indocumentados proporcionan. Disfrutan de la vitalidad económica que los inmigrantes traen consigo. Y disfrutan de la idea de vivir en un país que se construyó sobre la inmigración y celebra la apertura a diversidad.

Pero este sistema ya no da más. Esta roto. Y al menos que los Republicanos finalmente –ahora en control del Congreso, legislen para modernizar el sistema de inmigración, cada estado, cada gobernador y el siguiente presidente en turno seguirá tomando decisiones ejecutivas en esta materia.

Existen varias formas de ganarle en argumentos a alguien sentado frente a la mesa en el Día de Acción de Gracias. Uno de ellos es que la acción del presidente es completamente legal y no ha debido irse por encima del Congreso de forma gratuita.

No es que Obama no haya esperado a que el Congreso aborde el enigma de la inmigración. Hace casi 18 meses, una mayoría bipartidista de 68 senadores aprobó un proyecto de ley respaldado por Obama que habría aumentado significativamente las fuerzas de seguridad fronteriza y hubiera proporcionado un largo y tortuoso camino hacia la legalización de unos 11 millones de inmigrantes indocumentados.

Y la desinformación campea. Por favor siga leyendo.

De las miles de palabras escritas últimamente sobre el intento de Obama de eximir a algunos inmigrantes indocumentados de la amenaza de la deportación, la mayoría se han ocupado de la política de por medio, antes que la parte humanitaria detrás de la decisión. Los medios de comunicación masiva han fracasado en gran medida en destacar que la orden de Obama se viste en su totalidad por el imperativo de mantener a los padres junto sus hijos.

El fin de las Comunidades Seguras es un triunfo para los inmigrantes. No para aquellos que delinquen o lo están pensando. Serán deportados. A cargo de eso estará el organismo que reemplaza a Comunidades Seguras, el Programa de Cumplimiento de Prioridades. Pero hay tener cuidado con la Amnistía de la Inacción, el hecho que a pesar de la intención gubernamental, nadie puede aún obtener su tarjeta verde pero tampoco está sujeto a deportación.

La deportación solo de personas que son realmente una amenaza no es nuevo. La historia demuestra que dichos esfuerzos han fallado. Estos cambios no aliviarán los actos de discriminación y abuso policial antes de una detención, por ejemplo. Y dónde está la representación legal para los inmigrantes que a veces ni español hablan, peor inglés. Y lea bien que dije, ‘a veces’, para no contradecirme con lo que escribí más arriba. Agregar millones al sistema ya repleto de representación legal generará seguramente retraso en la obtención de la residencia de otros en el mejor de los casos, y caos, desinformación y por supuesto estafa en el peor de ellos.

Si la comunidad hispana internaliza el concepto de que los republicanos no los quieren en estas tierras, entonces ellos nunca escucharán lo mejor que tenga que decir en términos políticos dicho partido. En lugar de darle prioridad a una reforma en la colección de impuestos para las corporaciones, pactos de libre comercio, detener el Obamacare; el nuevo Congreso liderado por republicanos está envuelto en inmigración, quiéranlo o no. La inmigración es la prioridad y en eso el presidente jugó a la política de forma inteligente.

Todo el tema de inmigración en este momento es políticamente muy brillante. Unifica los demócratas; destroza la agenda republicana en el Congreso y cimienta la lealtad de los hispanos para con el partido Demócrata.

Obama también le ha sacado tarjeta amarilla al Tea Party en el Congreso, haciéndolos ver como unos lunáticos que quieren cerrar el gobierno y tal vez incluso destituirlo mediante juicio político. Esto es un enorme dolor de cabeza para John Boehner y Mitch McConnell, que realmente no quieren que esta sea la cara pública de su partido político. Con esto, es muy posible que la agenda republicana para el próximo año fracase. Y es muy probable que la temporada de elecciones primarias del próximo año se conviertan en un tema anti-hispano con daños permanentes a imagen del Partido Republicano.

Feliz Día de Acción de Gracias!

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