“La yuca”, historia social del modismo que incomodó a #Correa

Hace dos semanas el Presidente Correa tuvo un desafortunado encuentro con un reconocido miembro de la sociedad quiteña, Jaime Guevara. En principio se dijo que era borracho y drogadicto, hoy los adjetivos se han reemplazado por otros. Gracias al periodista ecuatoriano Martin Pallares, podemos entender mejor qué mismo fue que sucedió en aquel día

Lo que sigue es una transcripción (no autorizada) del artículo escrito por Pallares y aparecido originalmente en Diario El Comercio:

"La yuuuca, compadre"

“La yuuuca, compadre”

Miles de años antes de que un irreverente trovador en las calles de Quito ‘saludara’ el paso del Presidente con su brazo doblado a la altura del codo y con su dedo intermedio apuntando al cielo, en algún lugar de la Grecia antigua, el célebre filósofo Diógenes el Cínico sacaba a relucir, asimismo, su dedo intermedio. Lo hizo ante el paso de Demóstenes quien quedó en la historia humana como el primer demagogo.

“Ahí va el demagogo de Atenas”, aseguran los historiadores que Diógenes dijo mientras extendía su dedo intermedio en lo que es el primer registro histórico del uso de un gesto que ha sido fundamental en la larga y siempre complicada historia de la rebeldía y la ofensa.

Dice el jurisconsulto Ira P. Robbins en su estudio “El dedo intermedio y la ley”, que fue publicado por la Universidad de Californa en Davis, que el incómodo gesto fue tomado de los griegos por los romanos y que fue tan popular su uso que se le puso el nombre de “digitus impúdicus”.

El terrible Calígula llegó a ofrecer ese dedo a quienes iban a besar su mano en un gesto que fue considerado por los romanos de entonces como escandaloso y ofensivo. Augusto César llegó a sacar del territorio que ahora es Italia a un actor que durante un espectáculo teatral le mostró el dedo medio a un asistente que lo había criticado a viva voz durante la obra.

Aparentemente, sostiene Robbins, el uso del gesto dejó de ser registrado durante la Edad Media, seguramente por la censura de la Iglesia Católica. Pero existen leyendas que dicen que los arqueros ingleses y alemanes enseñaban sus dedos intermedios a sus enemigos franceses, pues estos les habían amputado el resto de dedos para inhabilitarles en la guerra.

Uno de los primeros registros modernos del uso de la señal fue en EE.UU. Un beisbolista del Boston Beaneaters se tomó una foto con sus archirrivales del equipo New York Giants. Allí mostró su dedo probablemente influenciado por los migrantes italianos que llevaron ese gesto al país.

Lo cierto es que mostrar el dedo medio y “hacer la yuca” que asimismo es una señal relacionada con los genitales masculinos ha sido, desde tiempos inmemoriales, una forma de expresar rechazo y desagrado a otras personas y las más de las veces una expresión de rebeldía ante la autoridad.

En el Ecuador el episodio del trovador Jaime Guevara y la señal que le hizo a la caravana del Presidente quedará recordado. En octubre de 1989, en Guayaquil se produjo lo que terminaría llamándose “el desfile del yucazo”.

Fue el día de la Independencia de Guayaquil y el presidente Rodrigo Borja, cuyo gobierno era repudiado por ciertos sectores de esa ciudad, decidió hacer un desfile por la avenida 9 de Octubre.

Pero antes de que Borja desfilara, varios líderes locales entre ellos León Febres Cordero y Jaime Nebot intentaron hacer lo mismo. La Policía les echó gas lacrimógeno y Febres Cordero tuvo que alejarse aquejado de la vista. Cuando pasó Borja, Nebot y otros dirigentes que habían tratado de desfilar subieron al edificio San Francisco y desde el cuarto piso le hicieron la señal lo cual fue captado por la televisión y los diarios de entonces.

Henry Raad, analista y activista por la ciudad de Shirma Guayasaminquil, recuerda aquel episodio. “Lo interesante fue que Borja, un buen demócrata, jamás se le ocurrió hacer entrar a ese edificio y apresar a los que así se expresaron. Imagino cómo sería ese asunto ahora con (Rafael) Correa”, dice Raad quien fue un frontal crítico del gobierno naranja.

El uso del dedo medio o “yucazo” se ha popularizado en los últimos años y se ha convertido en parte de la iconografía no solo de la política sino del espectáculo y la vida cotidiana. La imagen de la cantante británica Adele sacando el dedo a los organizadores de una entrega de premios musicales o de Pink, otra cantante, en un concierto en Londres se han popularizado en medios y redes sociales a tal punto que en agosto del 2010 NPR, la radio pública de los EE.UU., publicaba una nota y un reportaje en su página web en la que se preguntaba: “¿Mostrar el dedo se nos está yendo de las manos?”.

En aquella nota el periodista decía que “en las calles, en las tiendas, en los colegios, en las noticias la gente está extendiendo sus dedos medios como una silenciosa pero efectiva forma, a veces demasiado efectiva, de decir ándate al diablo”.

En un momento llegó a ser tan común su uso que Stuart Jeffries en The Guardian se preguntaba en febrero del 2012 si su uso aún es ofensivo. El asunto, según Jeffries, en todo caso está relacionado “con el corazón de un gran tema de la modernidad: la ética de la ofensa. Y luego se preguntaba si “la ofensa siempre ha sido algo que ha implicado si el ofensor estuvo moralmente equivocado en lastimar las sensibilidades del ofendido?”.

Ese mismo mes, la BBC publicó una entrevista al antropólogo Desmon Morris, autor del “Mono desnudo”, a propósito de algún incidente con el dedo intermedio de una estrella de la música pop. “El dedo medio es el pene y los dedos a los lados son los testículos. Al enseñárselos a alguien se le está ofreciendo un gesto fálico. Es una demostración muy primitiva”, le dijo Morris en ese entonces a la BBC.

– By Milton Ramirez

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